El Valle de Guadalupe es país del vino en desierto alto, así que la regla para empacar es simple: vístete para dos climas en un día. Esto es lo que de verdad importa.
Capas para el cambio
Los días son cálidos a calurosos; las noches refrescan rápido en cuanto se mete el sol, incluso en verano. Trae ropa ligera para las tardes y una capa de verdad — un suéter o chamarra — para las cenas en la terraza y las noches junto al fuego. En invierno, empaca más abrigo del que crees.
Sol, polvo y grava
El sol es fuerte y los caminos y patios de las vinícolas no están pavimentados. Trae sombrero, buenos lentes de sol y bloqueador, y zapatos que no te importe empolvar — planos y cómodos le ganan a cualquier cosa delicada sobre grava. Traje de baño, por supuesto; la alberca es el centro de la casa.
Las cosas pequeñas
Tu pasaporte para la frontera, algo de efectivo en pesos para las vinícolas chicas y las propinas, y cualquier medicamento que necesites, pues el valle es rural y las farmacias quedan abajo en Ensenada. Casa Finch pone el resto — blancos, toallas, secadora de pelo, cocina, cortinas blackout, clima frío y calor. Deja espacio en la maleta para una caja de vino de regreso.
Dile al concierge qué tienes planeado y te marcamos cualquier cosa que valga la pena traer para ello.
